Adriana Jaroslavsky, Ana Maria Chamcero and Nuria López Blanco.
22 – 31 January 2026
The nail salon across from my house looks like a film or theatre set, the kind I like: an image of a forest covers one wall and serves as a backdrop. The image is on the partition separating the nail salon from the barbershop; both spaces share the same commercial space. I like to think that, while they are having their hair cut, the men hear the gossip from the other space, and vice versa.
In another space I often observe, something similar happens: a large photograph of Tower Bridge covers an entire wall. The wall is in London, but the image insists on reminding us that the bridge is not far, that on our day off we could go there if we wished.
The photograph marks the entrance to this exhibition: a threshold to cross in order to enter what is presented as a backstage area. Usually hidden, this backstage becomes a place where time seems to stand still, as if something were about to happen but has not yet decided to.
Perhaps the objects and images on display inhabit that place. Between what we want to see and what is hidden, we squint our eyes to try to see more clearly. As we look through the dots and behind the curtains, we begin to perceive what previously seemed elusive.
In that attempt, the body also adjusts, as if we were about to utter a phrase in our second language, or as if we were about to get into character.
Un gato negro me mira a través de las cortinas (Acto II)
El nail salon de enfrente de mi casa parece un set de cine o de teatro, de esos que me gustan: la imagen de un bosque cubre una pared y funciona como backdrop. Esa imagen está en el tabique que separa el nail salon de la peluquería de “caballeros”; ambos espacios comparten el mismo bajo comercial. Me gusta pensar que, mientras les cortan el pelo, los “caballeros” escuchan los chismes que circulan en el espacio contiguo, y viceversa.
En otro espacio que observo a menudo, ocurre algo parecido: una gran fotografía de Tower Bridge cubre toda una pared. La pared se encuentra en Londres, pero la imagen insiste en recordarnos que el puente no está lejos, que en nuestro día libre podemos ir hasta allí si así lo deseamos.
La fotografía de esa pared es la entrada a esta exposición: un umbral que debe atravesarse para acceder a lo que se nos plantea como un backstage. Ese backstage, habitualmente oculto, se convierte aquí en un lugar donde el tiempo parece quedar suspendido, como si algo estuviera a punto de pasar pero todavía decidiera no hacerlo.
Quizás los objetos e imágenes mostrados habitan ese lugar. Entre lo que deseamos ver y lo que se oculta, entrecerramos los ojos para intentar vislumbrar con mayor claridad. Al mirar a través de los puntos y por detrás de las cortinas, comenzamos a percibir lo que antes parecía esquivo.
En ese intento, el cuerpo también se ajusta; como si estuviéramos a punto de pronunciar una frase en nuestra segunda lengua, o como si estuviéramos a punto de entrar en personaje.






